Eh, bien... Hoy concluí que, definitivamente, ir al dentista es lo más parecido a que unos hombrecitos verdes me practiquen una autopsia a lo película norteamericana.
Primero te acuestan en una silla-cama que tiene más pinta de cama de fuerza que de silla (sólo le falta que te amarren las muñecas), después te apuntan con esa luz mega brillante (que por cierto, el afecto que crea es de segundo nacimiento) y por último aparece frente a frente un tipo enmascarado que te abre la boca y te mete cuanto artilugio pille en la sala!
Entre el sonido del cepillo, el extractor de saliva, el coso que tira aire y un sinfín de ruidos más, da para hacer el soundtrack de hostal ¬¬